Nosotros no empleamos la democracia como paso o compás de espera para el socialismo o el comunismo; para nosotros, la democracia es una meta en sí. No queremos pan sin libertad como en Rusia. O libertad sin pan como en otras partes. Queremos ambas cosas. No queremos arrebatar la riqueza a los ricos para dársela a los pobres; lo que perseguimos es crear nuevas riquezas para aquellos que no tienen ninguna. No queremos dictadores desde arriba, como en el fascismo, ni dictadores desde abajo como en el comunismo.

Víctor Raúl Haya de la Torre, entrevista con el periodista Harry Hirschfeld, 23 de abril de 1946.

miércoles, 2 de octubre de 2013

Haya Republicano. Por Alan Salinas

Alberto Vergara, en su reciente publicación “Ciudadanos sin República. ¿Cómo sobrevivir en la jungla
política peruana”, nos dice que en el Perú  del siglo XX no tuvimos experiencias republicanas ni  proyectos intelectuales republicanos. Nos cuenta que “…la mitad del tiempo fuimos gobernados por las Fuerzas Armadas. Los pocos intermedios democráticos desembocaron en el desgobierno…”. En lo intelectual, “…el vocabulario de la revolución y la clase ajustició al de las instituciones y el ciudadano…”. De las frases citadas por Vergara, en la primera le doy la razón. En lo que se refiere a proyectos intelectuales republicanos,  creo que  se equivoca, porque solo piensa en los intelectuales de izquierda que optaron por reflexionar el país criticando a la democracia. Pero se olvida en su análisis de los proyectos de país y de ciudadano de Haya de la Torre. Es así que en este artículo urge levantar la voz sobre el espíritu republicano de uno de los representantes más importantes en la historia política e intelectual peruana.

Escribir sobre el líder-fundador del partido aprista implica reflexionar sobre su contribución a la construcción de la república en el país en el siglo XX y sobre su trayectoria política. Ideas y persona relacionadas entre sí. Que si bien sigue siendo el proyecto republicano inconcluso, éste no está exento de sus avances, donde Haya de la Torre tuvo un rol protagónico. Fue un intelectual comprometido con su país. 

Octavio Paz, nos dice en  “El laberinto de la soledad”, : “…En Europa y Estados Unidos el intelectual ha sido desplazado del poder, vive en el exilio y su influencia lo ejerce fuera del ámbito del Estado. Su misión principal es la crítica; en México, la acción política…”[1]. Esta cita de Paz nos revela que, a diferencia de otras latitudes del mundo occidental, en el caso mexicano –y por extensión, el caso latinoamericano- la reflexión y la política se combinan, se vuelve un híbrido. Una de las máximas de Haya de la Torre nos refleja eso: “El principio está en la acción”. En ese sentido, los asuntos públicos se discuten desde la acción política.

Lo expuesto líneas arriba implican preguntarnos: ¿Qué es una república? “…Es una forma de organizar el poder donde se prioriza el autogobierno por parte de los ciudadanos. El autogobierno en el mundo contemporáneo se asegura por la existencia de unas instituciones representativas legítimas que median entre Estado y Sociedad y que intentan asegurar que el poder resida en última instancia en los ciudadanos…”, nos dice el politólogo Alberto Vergara en una entrevista reciente [2]. Carmen Mc Evoy precisa, en otra entrevista [3],  a la república como un proyecto nacional.

Dos ideas relevantes de estos autores saltan a la vista: “Autogobierno” y “Proyecto nacional”. Sobre la contribución reflexiva y de acción política de Haya de la Torre es extensa, y se puede revisar  “Política Aprista”, “El Antiimperialismo y el Apra”, “Mensaje a la Europa Nórdica”, entre otros textos. ¿Qué aportó en ellos? A diferencia de los intelectuales de la izquierda marxista, algo esencial para la forma de autogobierno democrático y de país: Los derechos sociales sumados a los derechos políticos, tales como la  libertad de organizarse, de expresarse, de insurgencia en casos de recorte de libertades y de asilo político, entre otros. ¡Pan con libertad! nos dice un cartel en la Casa del Pueblo. Asimismo, reflexionó y buscó la unidad nacional para poder enfrentar política y económicamente a otras potencias mundiales, como EE.UU. por ejemplo.
ello,

Veamos algunos pasajes de nuestra historia para comprender lo que líneas arriba Octavio Paz nos dice sobre el intelectual comprometido. De 1932 a 1933, Haya de la Torre sufrió prisión acusado de instigar al pueblo a la insurgencia popular contra el gobierno dictatorial de Sánchez Cerro. De 1945 a 1948, así como de 1956 a 1962, auspició aperturas democráticas. De 1949 a 1954, protagonizó una exitosa defensa del derecho de asilo desde la embajada de Colombia en Lima. Y en 1962 dio un ejemplo de hidalguía al renunciar a la posibilidad de acceder a la presidencia  de la República para evitar una interrupción de la democracia.

Pero cabe resaltar que desde una reflexión realista, Haya de la Torre nos advierte algo sobre esta
forma de autorganización. En una conferencia de octubre de 1945 [4], el líder aprista, citando a Platón, nos dice que: “…El riesgo de la ruina de las democracias puede ser el exceso de amor a su supremo bien”. “¿Cuál es? -le pregunta el interlocutor-“. “La libertad -le dice-, porque si se abusa de ella la democracia engendrará la tiranía”. En ese sentido, la preocupación constante de Haya de la Torre no fue exclusivamente reflexionar y luchar políticamente por la libertad y la justicia, y luego quedarnos ahí. No. El va más allá. Nos advierte también que debemos fomentar una cultura democrática responsable. En su tiempo, el partido-escuela fue el instrumento para generarlo. Educar al soberano lo llamo John Locke. Es ahí donde uno puede ver que el fin último fue el ciudadano. No fue nada fácil. Supo que el ideal republicano tuvo un camino empedrado de dificultades. En una sociedad política proclive al dominio de los señores de linaje, el pensó y actuó sigilosamente para alcanzar el ideal republicano. La Constitución de 1979 fue su expresión máxima.

Por otro lado, Haya de la Torre pensó también que la libertad del ciudadano no estaba garantizada per se en el principio. Había que mirar y compatibilizarla con los cambios tecnológicos y mundiales de la máquina [5]. Nuevamente, la realidad que muchos de nuestros intelectuales olvidan. Porque eso también nos hace libres. A medida que la industria de la máquina avanza, el hombre se aleja de su condición de dependiente. Estos cambios en la dinámica mundial nos generan una interpretación social y política del ideal republicano. Y en eso, sí se avanzó también.

Para terminar, Haya de la Torre nos ha legado la vasta reflexión  de un intelectual comprometido con el ideal republicano. Nos ha mostrado a través de su biografía que dichos  caminos  no son nada fáciles. Y  la crítica feroz de ese entonces, ya no es tal hoy en día. Casi la inmensa mayoría de peruanos abrazan las ideas de justicia social en democracia. La idea de unidad nacional, y no de clase, para fomentar un proyecto de país. Así como el de “no quitar la riqueza al que lo tiene; sino fomentarla para el que no la tiene”. Todo lo cual es bueno recordarselo al politólogo Alberto Vergara.

NOTAS:

1. Paz, Octavio. El laberinto de la soledad, Post data, Vuelta a El laberinto de la Soledad. 3era. edición. México. Fondo de Cultura Económica. 1999.
2. Para mayor detalle, véase el siguiente link: http://laprensa.pe/actualidad/noticia-alberto-vergara-alejandro-toledo-irse-politica-y-evitar-terminar-como-pillo-12706
3. Sobre la entrevista a Carmen Mc Evoy, ver aquí: http://laprensa.pe/espectaculos/noticia-carmen-mc-evoy-solo-apagamos-incendios-y-no-pensamos-que-queremos-peru-50-anos-12102
4. Haya de la Torre, Victor Raúl. “El Gran Desafío de la Democracia, 1945”. En Pensadores de la República. Ideas y propuestas vigentes para el Perú del siglo XXI. CEPLAN. Junio, 2011.

5. Ibid.

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