Nosotros no empleamos la democracia como paso o compás de espera para el socialismo o el comunismo; para nosotros, la democracia es una meta en sí. No queremos pan sin libertad como en Rusia. O libertad sin pan como en otras partes. Queremos ambas cosas. No queremos arrebatar la riqueza a los ricos para dársela a los pobres; lo que perseguimos es crear nuevas riquezas para aquellos que no tienen ninguna. No queremos dictadores desde arriba, como en el fascismo, ni dictadores desde abajo como en el comunismo.

Víctor Raúl Haya de la Torre, entrevista con el periodista Harry Hirschfeld, 23 de abril de 1946.

miércoles, 4 de julio de 2012

El concepto de aprismo y democracia. Por Chiara Ode


Ponencia ofrecida en la Segunda Sesión del Módulo 1 de What`s APRA el 27 de agosto de 2011.
Por Chiara Ode, estudiante de la PUCP

El texto que comentaré a continuación (“El gran desafío de la democracia”) es un texto inédito de Haya de la Torre, publicado por primera vez en el libro Pensadores de la República (Ceplan 2011), que es una antología de pensadores peruanos del siglo XX cuyas propuestas guardan vigencia a pesar del tiempo que ha transcurrido. El texto de Víctor Raúl, que es el que nos compete, es la transcripción de un discurso ofrecido en el Teatro Municipal de Lima el 6 de octubre de 1945.

El concepto de aprismo y democracia se remonta al discurso de Víctor Raúl Haya de la Torre ante el primer congreso del Partido Aprista,  que se llevó a cabo el 20 de agosto de 1931. Discurso en el cual se preparó ideológicamente al partido para iniciar la campaña electoral de ese mismo año, cuando se rivalizaba con el candidato de derecha Sánchez Cerro. Allí se expresó lo siguiente:

“El aprismo es un partido democrático de izquierda. Considera a la democracia como una función tanto política como social. Vale decir, otorga a la concepción democrática un contenido funcional. La democracia “pura”, liberal, exclusivamente política es la que caracteriza a los Estados en los que solamente se vela por la igualdad nominal de los hombres ante la ley, movidos por un gaseoso ideal de libertad individual y nacional. El aprismo —y esta es su esencial diferenciación de los viejos partidos y las totalitarias y dictatoriales internacionales comunistas y fascistas— considera a la libertad del hombre como ciudadano y como trabajador, inseparable de la justicia social. Por tanto, su concepto de una libre democracia es inherente a la de una democracia económica.”

En la anterior cita, cuando Víctor Raúl se refiere al “contenido funcional” que debe tener la democracia, se apela a la idea del aporte laboral, desde distintas especialidades, que debe encontrar su lugar y su modo de aportar a un democracia que no sea meramente nominal, ni formal.

El día de la ponencia
Cabe reparar en la acusación que se suele hacer al aprismo respecto a promover un programa revolucionario violento —lo cual no es cierto— porque el partido aprista siempre luchó para que se restituya la constitucionalidad como condición para luego llevar las reformas sociales a cabo, pero siempre a través de la democracia.

En el mismo discurso, encontramos lo siguiente:

“La democracia de izquierda en Nuestra América se nutre de una tradición de  libertad inspirada en los ideales de las revoluciones norteamericana y francesa.”

El concepto de izquierda democrática abarca tres principios fundamentales que se remontan a los fundamentos de la independencia americana, tanto de los EE UU como de América latina y a la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de la Revolución Francesa. En primer lugar está el concepto de tener una especial consideración hacia los más pobres. En segundo lugar, se asume la famosa frase: “gobierno del pueblo para el pueblo y por el pueblo”, es decir la soberanía popular. En tercer lugar encontramos la defensa de la democracia contra todo acto usurpador del poder soberano del pueblo. El término “izquierda democrática” responde también a esta tradición de libertad revolucionaria que el aprismo defiende con mucho celo. Modernamente se denomina “derecho a la insurgencia ciudadana” que Haya de la Torre propuso en la Constitución de 1979, quedando escrito en el Artículo 82 de la siguiente manera:

“Nadie debe obediencia a un gobierno usurpador ni a quienes asuman funciones o empleos públicos en violación de los procedimientos que la Constitución y las leyes establecen. Son nulos los actos de toda autoridad usurpada. El pueblo tiene el derecho de insurgir en defensa del orden constitucional”.

Frente a estos dos precedentes el aprismo se ha mantenido firme defendiendo estos principios de justicia social que se resumen, en síntesis, en la fórmula de “pan con libertad”, que también puede expresarse así: ni libertad sin pan, ni pan sin libertad; ni democracias sin justicia social, ni dictaduras que prometen justicia cercenando la democracia. A propósito de lo anterior nos podemos detener en una reflexión de Víctor Raúl: “La democracia responde que comer sin libertad es el destino de un prisionero”.

Los principios antes mencionados están ampliados y fundados de manera prevalente en el discurso antes mencionado, titulado “El gran desafío de la democracia”; pero antes de adentrarnos en él es importante ubicarnos en el contexto. La coyuntura de fines de la Segunda Guerra mundial abrió puertas muy importantes para la democracia, pues se había vencido al totalitarismo en nombre de esta. Y por consiguiente, la democracia se convirtió en el principio ordenador del mundo de la post-guerra. Por esta razón, una de las primeras consecuencias del fin de la II Guerra Mundial fue la convocatoria a la fundación de la ONU y el establecimiento a nivel mundial de los DD HH que se logró finalmente en 1948.

Haya de la Torre consideró fundamental que todos los países y especialmente los de América Latina se convencieran de la necesidad de erradicar las dictaduras. La principal referencia para ello eran las cuatro libertades proclamadas por Roosevelt. Dicho sea de paso, este es el primer discurso de un Presidente de los Estados Unidos donde se incluye el derecho a la justicia social, como parte de los derechos democráticos.


Estas “Cuatro Libertades”, proclamadas el 4 de enero de 1941 por el presidente Franklin D. Roosevelt como base esencial de la democracia, en oposición al eje alemán-italiano-nipón, eran: “Libertad de palabra y expresión, en todo el mundo”; “libertad de cada persona para adorar a Dios a su manera, en todo el mundo”; “libertad de la necesidad […] que asegure una vida pacífica y saludable para sus habitantes, en todo el mundo”; “libertad del miedo […] hasta el punto […] que ninguna nación esté en posición de cometer un acto de agresión contra un vecino, en todo el mundo”. Esta “libertad de la necesidad” significa que es una obligación de la democracia lograr que ya no haya pobreza.

Con esta ideología USA entra a la guerra, y una vez ganada esta, tales ideas se imponen en el mundo. Haya de la Torre dio mucha importancia a este discurso, porque coincide en términos generales con los principios democráticos del aprismo, promulgados en sus discursos de 1931 sobre el carácter indesligable de la democracia social y democracia económica.

No obstante, su entusiasmo por las cuatro libertades de Roosevelt, Víctor Raúl propuso que la defensa de la democracia se haga siempre respetando el espacio-tiempo con América del norte.

“Por eso como norma realizadora y coordinadora de la vecindad entre las dos Américas, la que había realizado la democracia y la que estaba recién cumpliéndola, surge nuestro lema aprista que dice: Interamericanismo democrático sin imperio”

Cuando se refiere a interamericanismo democrático sin imperio se refiere al anti-imperialismo constructivo.  El termino interamericanismo, quiere decir, en términos generales, relación de igual a igual entre las dos Américas; un vínculo que sea horizontal y que no admita dominación.

Otra consecuencia de las cuatro libertades de Roosevelt, es la aplicación de éstas pero de manera original y creativa, partiendo de nuestro propio espacio tiempo histórico. Dice Víctor Raúl:

“Ya no podemos seguir imitando. Ya no podemos seguir jugando a lo que hacen los grandes. Ya no podemos seguir siendo colonos mentales de cualquiera. La libertad, la independencia y soberanía, no son sólo palabras. Responden a conceptos, responden a actitudes mentales, responde a Estados de conciencia nacional”.

Haya de la Torre también muestra preocupación por las opiniones contrarias a la democracia, en términos de que el país sería inmaduro para aplicarla:

“Cuando nos dice: no estamos listos para la libertad, no estamos listos para la democracia. Nosotros respondemos: ¿Para qué democracia? ¿Para la democracia inglesa? No estamos listos. ¿Para la democracia norteamericana? No estamos listos. Pero, para una democracia que contenga esencia de almas y que aplique pragmáticamente normas de realización propias, para esa sí estamos listos. “

Ahora, otro tema importante, contra aquellos que afirman que hubo un cierto viraje y que el aprismo había abandonado sus principios en 1945, al alinearse con Roosevelt, Haya nos aclara, que entre otros aspectos, que sigue vigente uno fundamental, este es: el derecho a la insurgencia popular contra los usurpadores del pueblo.

“Resplandece claramente que en América también valía el principio fundamental de las democracias sajonas, que es el derecho de rebelión cuando el gobierno no responde a sus deberes. Porque ese el sentido del equilibrio de la democracia inglesa y la democracia sajona, fijada en el acta de independencia de los Estados Unidos, cuando dice que si el gobierno no responde a su obligación de asegurar la libertad, la solidaridad y la felicidad de los habitantes del país, debe ser cambiado. Y Lincoln, en su primer discurso al tomar el poder de los Estados Unidos, confirma este derecho, que es el derecho a la protesta, que es el derecho prevalente y vital de la democracia inglesa, que es el derecho que señala un límite al rey a tener su gobierno y su oposición, que es la obligación de discutir y no asustarse con las críticas de la discusión. Que es en buena cuenta el ejercicio pleno y educador de la libertad.”

Este tema es importante porque señala el vínculo revolucionario del aprismo con los diferentes movimientos revolucionarios por la democracia de Cromwell en Inglaterra y de Jefferson en USA, grandes defensores del derecho a la rebelión, a la insurgencia cuando se atenta contra la democracia. Estas enseñanzas fueron un referente fundamental para los próceres de la independencia de América Latina, ente ellos Francisco de Miranda y Vizcardo y Guzmán.

Haya de la Torre hace parte de este principio como continuidad de la izquierda democrática.

Por último, hay que mencionar que la democracia política y económica requiere necesariamente la justicia social, que incluya dos aspectos: Igualdad de oportunidades y democracia como escuela. En primer lugar, encontramos la igualdad de oportunidades, es decir, igualdad en el punto de partida. En este sentido, cito lo siguiente:

“No queremos sólo democracia política, queremos democracia social; queremos democracia que incorpore al hombre no sólo como ciudadano, sino también como trabajador manual e intelectual. Queremos democracia que haga valer los derechos del número y de la calidad cuantitativa y cualitativa. Que no solamente cuente los votos del electorado, sino que sepa qué categoría mental y qué responsabilidad tiene ese electorado. No es la democracia que entienden algunos, de igualdades rasantes y destructoras de todo estímulo personal. Es la democracia de la igualdad en la oportunidad; de igualdad en el punto de partida; de la igualdad, diremos con el lenguaje juvenil, de la igualdad en la chance. 

Pero no una democracia que sea tirada y arrastrada como quienes no saben marchar con sus propios pies. No una democracia de privilegios para nadie. Ni privilegios para arriba, ni privilegios para abajo. La igualdad de oportunidad, la igualdad en el punto de partida, la igualdad de posibilidades. Esa es la base y la esencia de una democracia social.”

En segundo lugar, tenemos la democracia como escuela. A propósito de ello, Víctor Raúl menciona lo siguiente:

“Pero nuestro punto de partida es el enfocamiento de la realidad del Estado como escuela, como educación, como cultura. Como escuela no sólo de lecciones teóricas, sino de  enseñanza de ejemplaridad en la conducta viva, ostensible y sujeta a la crítica de la opinión. Escuela con buenos maestros, aquellos maestros que hacen causa  en los países que  realmente quieren tomar rumbos civilizadores; maestros cuya biografía se pueda leer entera. Democracia que eduque para la libertad, sin tenerle miedo a la libertad.  […] El aprismo enfoca pues, así, la democracia como una cultura.”

Además de esta concepción de democracia como escuela, está también la idea de escuela que  Víctor Raúl llama dignificación del trabajo. La democracia debe ayudar a que el trabajador se capacite y prospere como parte de la prosperidad de toda la nación. Al respecto:

“Cuando al trabajo manual y empírico, se le da la dignificación del conocimiento, de la ciencia y de la cultura, el sacamuelas de ayer es el doctor en odontología de hoy; y el curandero de otrora es el médico cirujano tan necesario en nuestros días. Generalicemos la obra de dignificación por la cultura de todos los trabajos y daremos a  cada una de las labores su rango social de dignidad y utilidad. […]

Entonces, el nuevo Estado no incorpora al hombres simplemente porque es ciudadano, si no porque cumple una función en la vida colectiva. Esta es una democracia que hace del ciudadano un trabajador; la democracia de la función, la democracia social, la democracia inseparable de los nuevos principios de justicia integral […]”

Estos principios y lineamientos siguen estando vigentes así como siguen habiendo personas que creen que nunca estamos listos para la democracia. Es nuestra tarea como jóvenes (si acaso están de acuerdo con lo que acabo de proponer) hacer del siglo XXI el siglo de la democracia social, cuyos principios fueron trazados y soñados por los grandes pensadores del siglo XX, entre los cuales se encuentra Víctor Raúl.

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