Nosotros no empleamos la democracia como paso o compás de espera para el socialismo o el comunismo; para nosotros, la democracia es una meta en sí. No queremos pan sin libertad como en Rusia. O libertad sin pan como en otras partes. Queremos ambas cosas. No queremos arrebatar la riqueza a los ricos para dársela a los pobres; lo que perseguimos es crear nuevas riquezas para aquellos que no tienen ninguna. No queremos dictadores desde arriba, como en el fascismo, ni dictadores desde abajo como en el comunismo.

Víctor Raúl Haya de la Torre, entrevista con el periodista Harry Hirschfeld, 23 de abril de 1946.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Volviendo a una comparación antipática: Manuel Pardo y Haya de la Torre. Por Renzo Ibañez Noel


Renzo Ibañez

Haya de la Torre dijo en uno de sus célebres discursos, con motivo del Día de la Fraternidad de 1961, que no bastaba que su partido defendiera la democracia; hacía falta que los demás partidos democráticos también lo hicieran consecuentemente. En esa oportunidad hizo una elocuente invocación a sus más enconados adversarios: “¡Necesitamos otros partidos! ¡No queremos estar solos! ¡No se nos tache de partido único porque los otros no saben organizarse! ¡Es necesario que se organicen!” Incluso, con gran sentido del humor, ofreció enviar instructores apristas para ayudar a organizar esos partidos.

Más allá de la anécdota, este es un tema delicado e importante. No hay gobernabilidad ni estabilidad institucional democrática sin juego de partidos. Y seguimos sufriendo del mismo inveterado caudillismo y la ausencia crónica de partidos estables. Nuestra clase política no sólo es ingrata con quienes enarbolaron cambios, como Haya de la Torre o Mariátegui, también es ingrata, acaso más, con quienes fueron paladines del Estado constitucional de derecho, del parlamentarismo y de la democracia de partidos, como fue el caso de don Manuel Pardo y Lavalle (Lima, 1834-1878), fundador del Partido Civil (1871) y Presidente de la República entre 1872-1876. Manuel Pardo, hijo del gran poeta, periodista y comediógrafo Felipe Pardo y Aliaga, fue el primer político civil en llegar a Palacio de Gobierno por el voto ciudadano y el segundo gobernante que pudo concluir su mandato sin ser derrocado (el primero fue el general Ramón Castilla entre 1845 y 1851).

Haya de la Torre con sindicalistas
Salvando las distancias y los distintos intereses sociales representados, tanto Pardo, un liberal moderado, como Haya de la Torre, que profesaba la izquierda democrática, lucharon contra el status quo de sus respectivos tiempos, así mismo, fueron profundamente antimilitaristas, quizás por eso los tildaron de enemigos tanto de la religión católica como del ejército, nada más alejado de la realidad. Para muestra un botón, el líder civilista rezaba que “…El militarismo es el enemigo más formidable del verdadero ejército, es lo que lo corrompe, lo que desacredita, lo que vulgariza, lo que ahoga todos los elementos nobles, dignos y abnegados que se encuentran bajo el uniforme”, y sabía lo que decía ya que había sido testigo de la sangrienta insurgencia de los hermanos Gutiérrez contra el presidente Balta; a su vez, el jefe aprista expuso en su Discurso-Programa de 1931: “…Nuestra adhesión a los Institutos Armados no es un recurso oratorio del momento, está basada en nuestro concepto económico y político del Estado; es un resultado lógico de nuestra ideología, un resultado lógico de nuestro programa de reorganización.”.

Ambos líderes fueron satanizados por los sectores más conservadores, Pardo por la vieja oligarquía estanciera nostálgica del esclavismo, Haya de la Torre por el latifundismo reacio a la modernidad y cobijador del gamonalismo; y por si fuera poco,  siendo candidatos, Pardo con 38 años y Haya de la Torre con 36, el intento de fraude y el fraude consumado no les fue ajeno. Por otro lado, la historia nos muestra a estos dos líderes de partido como políticos entregados en cuerpo y alma a sus proyectos nacionales, por un lado Manuel Pardo, con una gran experiencia en el Estado como Director de la Beneficencia Pública de Lima (1868) y como Alcalde de la misma ciudad (1869-1870) y por otro, Haya de la Torre aunque sin ese “plus” pero con el empeño de impulsar una gigantesca renovación social por medio de una reestructuración estatal y un nuevo modo de inclusión del capital extranjero al desarrollo nacional. A pesar de los cargos que tuvieron, el conocimiento que adquirieron y su común linaje aristócrata, fueron caudillos que también conectaron con una amplia ciudadanía y lograron cimentar férreas lealtades, Pardo con la nueva clase media que aspiraba a ser una clase empresarial y Haya de la Torre con las modernas clases trabajadores anhelantes de dignidad y justicia social.

Manuel Pardo
Tanto Pardo como Haya de la Torre se opusieron al encono antidemocrático con esfuerzos de concertación. Pardo impulsó la idea de un acuerdo permanente entre los grupos políticos democráticos para contener el nuevo militarismo representado por Mariano Ignacio Prado, pero sus principales adversarios (fundadores del Partido Nacional en 1877) lo acusaron de querer establecer una “argolla” y un “despótico exclusivismo”. Por su parte, para evitar nuevos golpes de Estado, Haya de la Torre propuso la “convivencia” en 1956 y la Coalición parlamentaria en 1963, que fue motejada como “un pacto con el diablo”. Pardo y el civilismo fueron sistemáticamente denigrados por el diario clerical “La Sociedad”. Haya de la Torre y el aprismo tuvieron su némesis en el diario mercantilista “El Comercio”. Ambos también fueron objeto de intrigas letales. Pardo sufrió un atentado criminal el 22 de agosto de 1874, siendo Presidente de la República, y finalmente murió asesinado por un fanático militarista el 16 de noviembre de 1878, siendo presidente del senado; a su vez, Haya de la Torre sufrió no menos de tres atentados durante el período conocido como “la gran clandestinidad” (1934-1945).

 Por supuesto, dentro de estas similitudes hay una gran diferencia. Pardo representó a las nuevas clases medias de su tiempo pero también al empresariado liberal surgido del apogeo de la explotación de guano y el salitre. Detrás de Manuel Pardo, quien era hacendado y además Presidente del Banco del Perú (este banco, junto con el Nacional y el Providencia tenían el magnífico negocio de ser socios de la Compañía Administradora del Estanco del Salitre, formada en 1873), había lo que hoy podríamos llamar un “lobby” de poderosos empresarios nativos y foráneos, como los banqueros y aseguradores del grupo representado por Emilio Forero (Presidente del Banco Garantizador), el contratista de obras civiles Henry J. Meiggs,  los industriales metal mecánicos y cerveceros Jacob Backus y Howard Johnston, el fabricante de golosinas Arthur Field y otros más que ejercían el monopolio en sus actividades manufactureras, junto con los marinos mercantes explotadores del tráfico de inmigrantes asiáticos como los Grace y los Bryce, de origen irlandés. Fue contra Pardo y el Partido Civil que el joven periodista chiclayano José Andrés Torres Paz (1857-1881, muerto en la defensa de Lima) acuñó por primera vez el término “oligarquía” en el vocabulario político peruano. Su folleto “La oligarquía y la crisis”, que fuera motivo de una disertación del autor el 20 de agosto de 1877, pretende alertar sobre el peligro que significaría para el futuro del país que los poderosos intereses económicos albergados por el civilismo llegaran a controlar el Estado.

En el caso de Haya de la Torre y el aprismo, hubo un temor semejante proveniente de una base social totalmente diferente. El poder que el aprismo mostraba en los sindicatos de obreros fabriles, mineros, portuarios, pescadores, transportistas, maestros, empleados bancarios y de comercio, así como comunidades campesinas, cooperativas de artesanos, escuelas politécnicas y universidades, era considerado una fuente de “chantaje social” y dictadura fascista, como lo confiesa el instigador de estas acusaciones tremendistas, Eudocio Ravines, en su libro de memorias La Gran Estafa.

Aún así, ha sido por el magisterio político de sus líderes que el civilismo fue mucho más que un apéndice de intereses económicos: fue sobre todo una escuela de ciudadanía en una época fuertemente sesgada hacia el militarismo. Y el aprismo siempre fue mucho más que un partido aglutinador de sindicatos: fue sobre todo el partido-escuela del ciudadano defensor de un cambio social responsable. En el civilismo hubo mucho más que un lobby de empresarios: hubo multitudes de ciudadanos esperanzados en una verdadera democracia; del mismo modo que en el aprismo hubo grandes multitudes de hombres y mujeres no sindicalizados anhelantes de una democracia de pan con libertad.

Sin embargo, todo proyecto político serio debe pasar por procesos de renovación pues es vital que la organización sobreviva a la muerte del fundador. Ello no significa un simple relanzamiento sino que esta renovación debe contar con otros elementos como la participación de nueva sangre, nuevos líderes que suplan a los líderes envejecidos para que con ello la organización pueda aportar nuevas ideas para la superación de los problemas nacionales. Esto quiere decir la construcción de un nuevo programa que dé nuevas respuestas a los nuevos desafíos, para ello es inexorable una nueva generación.


Cuando Manuel Candamo fallece en 1903, no sólo era Presidente de la República en ejercicio sino además Presidente de la Junta Directiva del Partido Civil. Para efectos de elegir al nuevo candidato a la Presidencia se realizó una asamblea del partido en la cual se desplazó a los representantes del civilismo histórico con apoyo de los dirigentes provinciales. Esta joven promoción estuvo liderada por el luego dos veces Presidente del Perú José Pardo y Barreda, hijo del fundador del Partido Civil quien además ya había pasado por diversos cargos públicos de gran importancia como el ser Presidente del Consejo de Ministros y Ministro de Relaciones Exteriores durante el corto gobierno de Candamo. Para entonces el civilismo ya era un partido sólidamente asentado. Con ello hubo un salto generacional que obvió a los legatarios de la generación fundadora y a los líderes veteranos que tenían mayores pergaminos para asumir la conducción del partido, como fue el caso de  Isaac Alzamora, Vicepresidente de la  Junta Directiva Civilista, quien era el llamado a asumir las riendas de la agrupación por razones de experiencia y antigüedad. Sin embargo, eso no sucedió y se alejó del Partido Civil por un tiempo.

Un proceso parecido sucedió con el Partido Aprista a la muerte de su fundador Víctor Raúl Haya de la Torre pues a dos años de su desaparición y luego de pugnas internas entre sus principales líderes históricos tuvimos a Alan García, quien también sería dos veces también Presidente del Perú, desplazando con ayuda de los delegados provinciales a los representantes de las generaciones que habían entre él y  el fundador del aprismo, en el Congreso partidario del año 1982. Este respiro renovador le dio un nuevo impulso al movimiento aprista y supo conectarlo nuevamente con el electorado, aportando un lenguaje novedoso y una propuesta de cambio a tono con las nuevas ideas contemporáneas que el país premió con sus votos en 1985.
  
Hoy el Partido Civil ya no existe, desapareció de la memoria de los peruanos y sólo nos lo recuerdan las páginas de los libros de historia, las enciclopedias y algunas referencias vagas de ciertos ensayistas, pero no está más en el imaginario popular. Y esto a pesar de que hubo una pletórica adhesión inicial, un programa, un gran líder, una exitosa renovación y una importante experiencia de gobierno. Esto ocurrió porque los herederos de este magno esfuerzo democrático perdieron el rumbo dividiéndose en torno a mezquinos intereses y sumándose a proyectos inmediatistas y ambiciosos. La bandera civil quedó hollada por el militarismo que tanto combatió en su etapa auroral y el ideal de modernidad se desfiguró con la necesidad de una camarilla por encaramarse en el poder y cuya miopía no siguió las oportunidades que ofrecía la historia ni las responsabilidades que ella demandaba.

Evidentemente el aprismo no ha sido sepultado pero es indudable que está en una grave y evidente crisis. Una crisis cuyo embrión se encuentra en la errática actuación política de los principales dirigentes, otrora baluartes de la renovación. Una crisis que ha sido alimentada por un alejamiento permanente de las luchas que construyeron este movimiento y que las nuevas  promociones están obligadas a acercar por medio de la reconstrucción de la institucionalidad partidaria, demostrando que podemos dar al país un norte, un programa, una propuesta de cambio real, que aparezca no como una simple exclamación sino una obligación cívica ante el Perú. Por ello, resulta urgente volver a las fuentes pero con sentido prospectivo, lo que significa traducir el Pan con Libertad y la Justicia Social al idioma de los nuevos habitantes del Perú y de América. Para lograr este ideal es necesario un partido nuevo, con gente nueva, con ideas nuevas. Un partido convocante, que discuta el hoy y el futuro, que permita minorías, un partido discrepante, un partido que funde una nueva relación entre el militante y su dirigencia, un partido menos vertical y más autocrítico, en esa tarea debemos estar todos los comprometidos con la causa del aprismo. Nadie muere de miopía ni de sordera, los partidos sí. Hay que apurarse, no hay mucho tiempo.  

3 comentarios:

  1. OK Interesante comparación

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  2. Manuel Fernández Vega28 de diciembre de 2011, 17:36

    La comparación que hace Renzo Ibañez Noel con las dos figuras históricas de nuestro pais y tambien de los partidos que dirigieron ambos personejes en su tiempo tine una seria limitación. En todo caso se podría precisar que ese trata de un paralelismo de dos líderes, fundadores ambos de sendos partidos de gravitación en la historia de Perú.

    Si bien ambos tuvieron que luchar contra esa deformación política en nuestros pueblos del llamado caudillaje militarista, es necesario anotar diferencias. Pardo y el civilismo es un intento de los grupos de poder económico de ese entonces por dotarse de una organización política que acometiera las tareas del desarrollo del pais de ese siglo, sin tener que pasar por la intermediación del caudillaje militarista. Haya de la Torre con el Partido aprista representaron la expresión de los intereses de los trabajadores por cunplir las tareas democráticas, tanto en lo político como en lo económico, que el desarrollo de nuestro pais exigía.

    Pero además Haya entendió que habían tareas democráticas que excedían y rebazaban el marco fronterizo del Perú. La integración de los pueblos de Indoamérica eran el equivalente a las tareas nacionales que a otros paises los llevó a constituirse en Estados independientes, únicos e indivisibles.

    La grave crisis que afronta el Partido Aprista se debe al olvido y a la desnaturalización de las ideas, principios y sobre todo valores morales que animaron al Partido Aprista mientras estuvo Haya de la Torre en la conducción. A la muerte de Haya de la Torre, los líderes históricos no fueron capaces de superar el rol dirimente que ejerció Haya de la Torre en las naturales discrepancias de toda organización. Una dirección colegiada hubiera en ese entonces dar escuela de democracia en un Partido que se preparaba para dirigir democráticamente los destinos de pais. De allí se derivaron todas las demas retiradas o retrocesos de la vida política partidaria.

    La entronización de un secretariado único, la sustitución de ideas apristas por propuestas ajenas como el populismo y la victoria electoral del 85´ prepararon el camino para el abandono del Partido-escuela. El arribismo y la caza de cargos públicos acapar+o el centro de atención en advenedizos al Partido así como en no despreciable número de la militancia. La creación postiza de una Presidencia del Partido sancionó éste cuadro de ruptura con el aprismo histórico para dar paso a un nuevo caudillaje. La incorporación de cuadros dirigentes del Partido de todos los niveles en cargos públicos( lease congresistas, ministros, directorios de organismos y empresas públicas) acelró de un modo extraordinario el proceso de destrucción del Partido. Se hablaba de aspirantes o imitadores de oligarcas, que súbitamente ostentabas signos exteriores de riqueza.

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  3. Manuel Fernández Vega28 de diciembre de 2011, 17:38

    (continuación)
    La dictadura fujimorista hizo lo suyo en el proceso de desarticulación del Partido al fomentar la despolitización de todas las instituciones, sean partidarias, Estatales, gremiales. La caida de la dictadura fujimorista, gracias a las jornadas democráticas de la inmensa mayoría de ciudadanos, debió conducir a la reconstrucción democrática de todas las instituciones destruidas( Partidos, gremios, Ministerios, Congreso, tec). Pero nada de eso sucedió. Los líderes políticos del Partido, que en los años 85'-90' eran conocidos como aprendicez de oligarcas hoy se ven enredados en affaires judiciales del más puro estilo mercantilistas, en lucha por cuotas de poder con otros lobbyes empresariales. ¿ Qué sucedió?. Pues se confundió o se fusionó la labor del diriugente político con la del funcionario público y al misnmo tiempo se asumió el rol de mepresario privado. El Partido que otrora entronizaba en los puestos dirigenetes a líderes gremiales y sindicales ahora se ve dirigido por una mesocracia enriquecida sin mayor vínculo con los trabajadores. La reconstrucción delPartido debe dirigir a apartar de sus filas a esa mesocracia enriquecida, elevar en los puestos dirigentes a líderes gremiales y sindicales. Debe acometer la tarea de volver a restablecer lazos de unidad con loos trabajadores de otros paises Indoamericanos. Y antes de lanazrse a cualquier veleidad electoral debe empezar por echar raices nuevamente en la conciencia popular. Restablecer el Partido -escuela. Restablecer la dirección colegiada con nuevos dirigentes extraidos de la clase trabajadora y si por allí algún mesenas criollo uiere contribuir con el Partido, debe aceptar alejarse de toda dirección o militancia partidaria o del Estado. Los valores morales que inculcó Haya de la Torre debe ser rescatada, librándo al Partido de los que lo han convertido en casa de mercaders y arribistas prestos a la caza de cargos. Las ideas de Haya de la Torre no morirán y merecen mejor destino.

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